NATALIE WOOD - ROBERT WAGNER


La noche del 21 de noviembre de 1981, el yate The Splendor está anclado frente a la isla Santa Catalina, cerca de la costa de California. El barco es propiedad de Robert Wagner y Natalie Wood. Ella le puso el nombre, en homenaje a su película “Esplendor en la hierba”. Los dos actores están en compañía de su amigo Christopher Walken, con el que Natalie está filmando una película. Unas horas antes, han comido en un restorán de la costa. Ahora, están en el barco. Han bebido demasiado alcohol. También han usado drogas. Robert discute con Natalie. Rompe una botella y grita. Christopher trata de poner calma. Pero está borracho y drogado. No puede hacer mucho. El capitán del barco, Dennis Davern,  presencia la discusión. Está acostumbrado a verlos de ese modo. No hace nada. No es asunto suyo. Robert y su mujer se encierran en el camarote y siguen la pelea. Los gritos cesan. Robert sale del camarote y va al de Christopher para disculparse por la escena o por otros motivos. Se emborracha un poco más con su amigo y vuelve a su camarote. Tal vez, tiene la intención de reiniciar la discusión o de hacer las paces. Pero su mujer no está ahí. Esto le dice al capitán Davern. Pronto, advierten que falta uno de los botes salvavidas. Seguramente, Natalie se ha ido en él hasta tierra firme, en donde tiene su mansión. Es la medianoche. Ni Robert ni el capitán la buscan.
A las cinco de la mañana, Robert avisa a los guardacostas de la desaparición de su esposa. Horas después, a más de un kilómetro de donde está anclado el yate, encuentran el cadáver de una mujer flotando en el agua. Está vestida con un camisón. Es Natalie Wood y se ha ahogado.
Cuando le preguntan a Robert Wagner por qué ha demorado tanto en avisar de la ausencia de Natalie, él responde: “Pensé que había usado el bote para ir a algunos de los otros barcos que estaban anclados y estaba de fiesta allí. Esa es la clase de mujer que es”.
¿Y qué clase de mujer es ella?


Natalie Wood es la protagonista de dos grandes películas: “Esplendor en la Hierba y “West side Story”. Cualquiera de ellas alcanza para darle un lugar de privilegio en la historia del cine. Pero Natalie ha hecho mucho más. A los nueve años actúo en “Miracle en la 34th Avenide” ("De ilusión también se vive") y es una actriz nominada tres veces al Oscar, por “Rebelde sin causa”, junto a james Dean; “Esplendor en la Hierba, con Warren Beatty, y “Amores con un extraño", con Steve Mc Queen. Fue María en “West side Story” y, sin duda, es una de las actrices más importantes y famosas de Hollywood.
Ha tenido tres matrimonios. Uno, con el productor Richard Gregson y, curiosamente, dos veces con el mismo hombre: Robert Wagner.


Robert es un actor joven en los años cincuenta. Realiza varios papeles destacados y se convierte en el protegido del veterano actor Clifton Webb. En esos años, se casa con Natalie pero el matrimonio se rompe unos años más tarde. Robert tiene una declinación en su carrera cinematográfica pero adquiere gran éxito en televisión con su papel en “Ladrón sin destino”; posteriormente, en “Hart to hart”, junto a Sthepanie Powers. La personalidad de Wagner muestra aristas ambiguas. Muy cuidadoso de su vida íntima, no consigue evitar las sospechas de homosexualidad, especialmente por su vínculo con Webb.
A pesar de la supuesta preferencia sexual de Wagner, él tiene una hija con Natalie y son abundantes los testimonios que hablan de sus celos enfermizos y los escándalos que provoca cada vez que ella lo engaña.


Natalie es amante de Warren Beatty desde que filman juntos “Esplendor en la hierba”. La relación dura un tiempo. Todavía, ella está casada con Wagner, del que se divorcia en 1963. Beatty la introduce en la droga y la alienta en la bebida. La llama: “Mi pequeña esponja”. Natalie tiene en ese momento la mejor etapa de su carrera artística. Pero la adicción por la bebida, la droga y el sexo la mantiene el resto de su vida. Cuando se encuentra demasiado mal, llama a Warren. Este, aunque ya separado desde tiempo atrás de ella, va todas las veces que se lo necesita.
Después de divorciarse de Gregson,  Natalie vuelve a casarse con Robert y se radican en Inglaterra. Los estudios la han apartado castigándola por su negativa a trabajar en“El discípulo del diablo”, con Kirk Douglas, Burt Lancaster y Laurence Olivier.
Su matrimonio con Wagner es una relación de amor y odio que se manifiesta de una u otra forma continuamente. Es un vínculo en el que abundan el alcohol, las drogas, las infidelidades, las orgías.
Tal vez sea Warren Beatty el único amor que ella realmente sienta. Su matrimonio con Wagner parece, al menos el primero de ellos, en los años cincuenta, uno de los tratos habituales de Hollywood para proteger del escándalo a sus estrellas. A él, por su homosexualidad; a ella, por sus adicciones y sus abundantes relaciones sexuales con distintos hombres e, incluso, mujeres. El que se separaran después de unos años de convivencia hipócrita no resulta nada fuera de lo común en la política de los estudios cinematográficos norteamericanos de la época. Pero que se casen por segunda vez solo encuentra explicación en una poderosa atracción, una fascinación del uno sobre el otro, en la cual se mezclan el sexo, los vicios, e indudables sentimientos de amor. Ese segundo matrimonio, está lejos de ser un arreglo de los estudios o algo que pueda surgir de las conveniencias artísticas de cada uno. El motivo real no puede ser puesto en duda: ambos se quieren y necesitan estar juntos. Y es cierto que se trata de un vínculo que mucho tiene de enfermo.


¿Qué ocurre realmente en la noche en la que Natalie se ahoga?
Hay quienes dicen que no es posible porque ella es una experta nadadora. Otros, que siente pánico al agua. Si experimenta pánico al agua, ¿para qué se compra un yate?.
Aseguran que Natalie, junto a Robert y Christopher realizan un triángulo sexual. Robert y Christopher mantienen relaciones sexuales desde hace un tiempo. Las fiestas con drogas, alcohol y sexo, son habituales en el matrimonio Wagner-Wood, dicen. Pero Natalie se ahoga. ¿Cuál ha sido la razón?
Robert y ella han discutido. El capitán Davern afirma haber presenciado la pelea. También la admite Robert. Pero esto lo dicen muchos años después. En el momento, ni el capitán Davern ni Wagner mencionan la gravedad de la pelea. Wagner se limita a hablar de una discusión de matrimonio. Sobre el bote que faltan, capitán y marido, dicen que han supuesto que Natalie se ha ido a la costa. Pero, cinco horas después, Wagner denuncia la desaparición de su mujer.
¿Natalie ha sido empujada al agua? ¿Wagner la golpea y ella cae al mar? ¿Ni al capitán Davern ni a Walken les resulta extraño que una pareja tenga una tremenda discusión, lleguen a romper una botella, y, de pronto, se haga el silencio y uno de los que discute desaparezca del barco en medio de la noche?
La versión oficial es: El bote de goma se desata solo y Natalie, al ver esto, quiere atarlo nuevamente, tropieza, cae al mar y se ahoga.
Natalie se cae y no grita pidiendo ayuda. Seguramente, se golpea la cabeza al caer y se desmaya antes de tocar el agua. ¿Esto pasa? ¿Es esta versión creíble? ¿O Natalie se arroja al mar porque decide matarse y su marido, sencillamente, la deja hacerlo? ¿La mata Rober Wagner al golpearla y ella cae o él la arroja al agua y, después, suelta el bote de goma para justificarse diciendo que ella ha intentado llegar a la costa pero sufre un accidente?
Natalie Wood se ahoga, a los 43 años, en la noche del  21 de noviembre de 1981. Nadie sabe si se suicida, sufre un accidente o es asesinada.

WOODY ALLEN Y MIA FARROW


En la década de 1980, Woody Allen y Mia Farrow formaron una pareja que resultó un modelo para millones de parejas del mundo. Mostraban una nueva forma de matrimonio: sin vínculos legales y viviendo en casas separadas. 
Woody era un actor, guionista y director de cine de alto nivel intelectual. Mia, una actriz con fama mundial y varios premios por sus actuaciones en películas memorables. Él le llevaba diez años y su imagen de hombre débil, neurótico, hipocrondríaco, con mucho talento, era la de un antihéroe que parecía complementarse con la de Mia: una mujer insegura pero sensata, maternal, juvenil y apaciguada.
Los dos habían tenido amores anteriores de importancia. Ella había sido esposa de Frank Sinatra y, luego, del músico André Previn. Con Previn tuvo hijos y adoptó a vietnamitas y coreanos. Entre los adoptados estaba una niña coreana llamada Soon-Yi.
Woody y Mia  pasaron a ser el símbolo de una nueva forma de familia. Enseñaban el camino para evitar el matrimonio tradicional. Ellos, viviendo en casas distintas, indicaban cómo ser felices, tener hijos, disfrutar de la vida, sin la necesidad de la convivencia que destruye con su rutina. 
Fue una pena que todo resultara un fraude. La nueva forma de vida matrimonial era tan hipócrita como la tradicional. 
Mia encontró unas fotos de su hija, Soon-Yi Previn en distintas poses. En todas estaba desnuda y, en varias, con las piernas abiertas. Por supuesto, el que había tomado las fotografías había sido Woody Allen. 
A Mia no le cayó bien. Le pareció inadecuado. Hasta le pareció un tanto asqueroso que su hija de veinte años se acostara con un hombre treinta y cinco años mayor. En ese momento, Mia no recordó que se casó con Sinatra a los veintiuno. Y que Frank tenía cincuenta, de modo que  le llevaba casi la misma cantidad de años que Woody a Soon.
Para colmo, Mia descubrió que Woody abusaba sexualmente de otra hija adoptiva, Dylan, de siete años. Ella se enojó mucho pero no pudo probar que Dylan había sido abusada y que Woody era un completo degenerado. Todo se limitó a un juicio por tenencia de hijos que, por supuesto, ganó Mia. Fue una pena que no se pudiera probar toda la verdad y que Mia tenía razón en lo que afirmaba.


El padre de Mia era un muy conocido director de cine y escritor. Su mamá, una actriz muy popular y para siempre ligada a Jane, mujer de Tarzán, papel que interpretó. Era razonable que Mia trabajara desde niña. Cuando tenía diecinueve años consiguió notoriedad en la exitosa serie televisiva, "La Caldera del Diablo" ("Peyton Place"), protagonizada por Dorothy Malone. Su personaje de Alison McKenzie fue el más destacado junto al de Ryan O´Neil. Pero, aunque la serie duró varios años, ella sólo estuvo un poco más de un año mostrando su cara inocente y sus largos cabellos rubios. La hicieron desaparecer misteriosamente. En la realidad, ella había abandonado la serie para casarse con Frank Sinatra y cortarse el pelo al estilo Juana de Arco. 
Cuando le preguntaron a Margaret Sullivan sobre el casamiento de su hija, dijo que Frank estaba más para ser su marido que el de Mia. Aseguró que ellos dos juntos parecían un padre con una hija. De cualquier forma, el matrimonio sirvió para hacer mucho más famosa a Mia y llevarla a protagonizar "El bebé de Rosemary". A partir de esa película, filmaría como protagonista durante más de cuarenta años. Claro que no se quedó pensando todo el tiempo en Frank Sinatra. Lo superó rápido. Aunque necesitó de la ayuda del gurú Maharishi Mahesh Yogui, con el que aprendió meditación trascendental y cómo se debe ser espiritual. En ese mismo año de 1968 en el que Mia se fue a la India, entre sus compañeros de aprendizaje se encontraban John Lennon, Paul McCartney, George Harrison y Ringo Starr. 
Los Beatles adoraban a Maharishi. Lo consideraban un ser superior que, según él les había asegurado, iba a llevarlos al camino de la paz interior y a levitar. Desgraciadamente, Los Beatles no pudieron levitar ni lograron nada que les sirviera ya que el gurú era un charlatán. Eso sí, mientras Maharishi afirmaba que mantenía una absoluta abstinencia sexual para conservar su completa pureza, tenía relaciones sexuales con una de sus discípulas, una actriz estadounidense, bastante joven y convencida de lograr la levitación. Seguramente, ella tampoco pudo levitar pero, al menos, pasó unos momentos gratos con Maharishi.



Al regresar de la India, Mia filmó varias películas bastante buenas y, con algunos amoríos que quedaron en el camino, se encontró con el músico André Previn. Esto no era poco cosa. Previn había compuesto unas cuantas obras de música clásica, dirigido la Orquesta Sinfónica de Londres, grabado discos de gran suceso, y era el ganador de cuatro Oscar por la música de Gigí, Porgy & Bess, Irma la Dulce y Mi Bella Dama (My Fair Lady). Una buena elección la que hacía Mia. Siguiendo sus gustos, se casó en 1970 con Previn que, desde ya, era dieciséis años mayor a ella. Se mantuvo con él un poco más que con Frank, con el que apenas había durado dos años. Con Previn estuvo casada por nueve años. Se dio el gusto de tener algunos hijos, propios y adoptados. La adopción de la niña Soon-Yi no le resultaría beneficiosa unos años más tarde.



Woody era actor cómico. Le gustaba escribir y pensaba que, alguna vez, podría dirigir. Cuando se casó a los diecinueve años con Harlene Rosen no se imaginaba que llegaría a ser un célebre director de cine. Se divorció de Harlene y, a los pocos años, volvió a casarse, esta vez con Louise Lasser, una actriz poco conocida pero que trabajó en las primeras películas de Allen. La relación no duró demasiado. Apareció Diane Keaton, que trabajaba en un papel secundario en un espectáculo teatral de Allen. Keaton era una muy buena actriz y una mujer inteligente. La relación amorosa duró un año pero nunca dejaron de ser amigos. Ella trabajaría con él en varios films y, sobre todo, en Annie Hall, quizás, lo mejor que hizo Woody y que le hizo conseguir uno de los varios Oscar que ganó. También ganó el suyo Diane Keaton que logró imponer una moda con su forma de vestir. Diane usaba su propia ropa, para disgusto de los modistos, y su personalidad y estilo consiguieron que las mujeres copiaran sus sacos, polleras y sombreros. Al mismo tiempo, mientras filmaba, Woody se interesaba en Stacey Nelkin, una actriz algo conocida tiempo más tarde por actuaciones en televisión y alguna película de terror. Stacey tenía diecisiete años. El romance duró poco más de un año. Pero fue muy útil para Woody. Lo inspiró para escribir el argumento de su muy especial película y la que le daría bastante fama: Manhattan, en la que narra la historia de un hombre maduro con una muchacha poco más que adolescente. En esta época se relaciona con Mia Farrow, que se había separado hacía poco y andaba buscando un nuevo marido.



Woody y Mia se convirtieron en una pareja estable, siendo pioneros en una nueva forma de matrimonio: vivir cada uno de ellos en casas diferentes. Por supuesto, Mia siguió adoptando niños y tuvo uno con Woody: Ronan Farrow. Todo parecía funcionar bien. Mia filmaba más películas que nunca ya que trabajaba en las que dirigía y escribía Woody. Fue Hannah en "Hannah y sus hermanas", Cecilia en "La rosa púrpura del Cairo", Lane en "Septiembre", Sally en "Días de Radio". Y varias más ya que Woody siempre filmó un promedio de una película al año. El matrimonio era un ejemplo de cómo congeniar el amor con el trabajo. Pero era un espejismo. La moderna pareja hacía lo mismo que las viejas parejas: tener una relación amorosa hipócrita y sostenida por apariencias falsas. 
Woody fue infiel. A lo mejor, la compresiva Mia no se hubiera enojado tanto si hubiera sido con cualquier mujer. Pero a Woody se le ocurrió serle infiel con su hija Soon Yi. El asunto rozaba lo incestuoso. Claro que no era incesto porque no existía lazo de parentesco entre Woody y Soon. Ni siquiera estaban unidos por los lazos de adopción. Ella era hija de Mia y André Previn. De cualquier forma, se desató el escándalo. Todo el mundo opinó sobre el caso. Para colmo, Mia afirmó que se trataba de un pervertido ya que abusaba de su hija adoptiva de siete años. La niña le había confesado que Woody la tocaba en el baño. Un psiquiatra no le creyó, la acusación se diluyó y Woody pudo seguir tocando con tranquilidad el clarinete con su banda de jazz con la que se reunía todos los lunes. Pero, años después, la pequeña Dylan, la niña a la que el psiquiatra no le creyó, se convirtió en una mujer. Entonces, escribió una carta pública en la que relató cómo Woody había abusado sexualmente de ella siendo una niña de siete años. 



Ya separados, Woody siguió haciendo películas. Mia hizo unas pocas pero se dedicó a ocupar el tiempo con acciones humanitarias y adoptando hijos. Afrontó con ánimo la pérdida de dos de ellos y llegó a tener trece, entre propios y adoptivos. 
Por la relación de Woody y Soon Yi nadie apostaba a favor. Pero, curiosamente, ese hombre mayor, con edad de casi ser el abuelo de la chica, logró establecer su relación amorosa más duradera. 
En 1992, Woody y Soon Yi provocaron uno de los escándalos más importantes del mundo artístico del siglo veinte. En 1996, se casaron. Adoptaron dos hijos y se mantuvieron unidos por más de veinte años. 
Woody siguió siendo considerado uno de los directores más trascendentes de la historia del cine y a sus admiradores nunca pareció importarle demasiado que el tipo fuera un pedófilo. Nada mejor que el éxito y el dinero para encubrir la maldad y la demencia.

VIVIEN LEIGH Y LAURENCE OLIVIER


En un departamento ubicado en el 54 Eaton Square, en Londres, John Merivale, el conocido actor teatral británico, entra a su dormitorio. Al abrir la puerta, encuentra a su esposa muerta. Ella tenía 53 años y, un rato antes, se había ocupado de arreglar unas flores. Merivale va al teléfono y llama a otro actor inglés. Este está internado en el hospital. Se levanta de la cama, exige que le den el alta y va junto a la mujer que acaba de morir. Estando a solas con ella, le pide perdón por todo el daño que le ha hecho. Es el 7 de julio de 1967. Veinte años después, el actor, siendo un anciano, confesará que ella fue el único gran amor de su vida. Él es  Laurence Olivier. Ella, Viven Leigh.


A fines de enero de 1939, se ha iniciado la filmación de “Lo que el viento se llevó”. Algo fuera de lo común sucede. La película no tiene actriz protagónica. Al casting se presentaron más de 1400 actrices, incluso muy famosas: Katherine Hepburn, Joan Crawford, Paulette Goddard, Norma Shearer, Carole Lombard. Ninguna pudo conformar a David O. Selznick, el productor. David tiene consciencia de que está realizando su obra maestra, una película que quedará en la historia. No está dispuesto a darle el papel de actriz principal a quien no encaje, exactamente, en el rol, tal como él lo imagina. “Lo que el viento se llevó” es un libro de Margaret Mitchell que ha tenido un extraordinario éxito. David ha comprado los derechos pero nunca lo leyó. Le alcanzó con conocer la sinopsis.
Ahora, está de pie mirando cómo se filma el incendio de Atlanta. Es una gran escena. Una actriz, a la que no se le ve la cara, está sobre el carro que atraviesa las calles en medio del fuego. No puede vérsele la cara porque es una extra. Todavía falta que aparezca la actriz adecuada. El hermano de David,  Myron, agente de actores,  lo toca en el hombro. David le pide que no lo moleste. Myron le dice que está con Laurence Olivier, que ha llegado de Londres para firmar el contrato para filmar “Rebeca”, la película que en unos meses dirigirá Hitchock y que produce Selznick. David grita: “¿Estás loco? ¿Cómo me molestás cuando se está filmando la escena más grandiosa de la historia del cine?”. Mientras lo dice, gira el cuerpo. Ve a Laurence Olivier. A su lado, está una muchacha de veinticinco años. Myron, con una sonrisa, dice: “Ya conoces a Laurence Olivier. Ella es Scarlett O´Hara”.
Vivien Leigh extiende su mano. David Selznick se queda perplejo por unos segundos. Luego, tomándole la mano, le dice: “Encantado de conocerla, señorita O´Hara”.



Parece imposible separar su imagen del personaje de Scarlett O´Hara. Es como si ambas, la mujer real y la ficticia, se hubieran fundido transformándose en una, convirtiéndose en inmortales. El papel de Scarlett es el más importante y famoso de la historia del cine. Ella, Vivien Leigh, la que realiza una interpretación notable, única, hasta convertirse en un mito del cine.
  Es nacida en la India. Su padre, inglés como la madre, corredor de bolsa, fue asignado a ese país. De regreso a Inglaterra, se dedica al teatro y se casa joven con el abogado Leigh Holman, del que usará el apellido como seudónimo artístico ya que ella se llama Vivian Mary Heartley. Su marido le gusta porque se parece a Leslie Howard, su actor preferido, pero no se lleva bien con él. A los 19 años, ha tenido una hija, Susan, y permanece retirada del teatro durante un tiempo. Pero es, realmente, una actriz. No puede estar fuera de los escenarios. Cuando cumple 22 años, ve a Laurence Olivier actuando en teatro. Le dice a un amigo: “Algún día, voy a casarme con él”



Cuando Leigh y Olivier se conocen personalmente, se enamoran de inmediato. Él ha nacido en 1907, todavía no ha cumplido los treinta, ya es el actor británico más brillante y va camino a ser considerado uno de los dos o tres mejores del mundo. La atracción entre ellos es tan poderosa que inician su relación amorosa cuando aún ambos están casados. Laurence se ha casado en 1930, con la actriz Jill Esmond, con quien tuvo un hijo, Tarquin. Con Jill, él había mostrado dos aspectos de su personalidad que mantendrá toda la vida: los celos artísticos y priorizar su trabajo por sobre todo. Un grave momento en su vida fue cuando Vivien obtiene el Oscar por su papel de Scarlett y él pierde de ganar el suyo interpretando a Radcliff, en “Cumbres borrascosas”. La noche de la ceremonia, Vivien tiene en sus manos la estatuilla mientras se fotografía sola. Al fotografiarse junto a él, la deja a un costado y se sienta en sus rodillas.
 Durante la filmación de “Lo que el viento se llevó”, Vivien fuma cuatro atados de cigarrillos diarios, tiene momentos en los que se siente mal y presenta arranques de histeria. Selznick hace viajar a Olivier, que está representando una obra en Nueva York, hasta Los Ángeles, para que pueda serenarla. Después de verlo, ella se muestra calmada. Olivia de Havilland, que interpreta a Melanie, más de treinta años después, dirá: "Todo lo que a Vivien le importaba era llevar su papel adelante y estar junto a Larry (Olivier). No había nada más que eso".
 No es la primera vez que tiene problemas. Olivier, conociéndolos, le ha puesto a su lado a Sunny Lash, la secretaria, que tiene que velar por Vivien. Lash es una mujer llena de rencor y envidia, que envía cartas a Olivier contándole lo que la actriz hace. Sus relatos están llenos de malevolencia y sorna. “Tu chiquita está mucho mejor ahora. Lamento muchísimo haberte alarmado anoche, pero yo misma estaba tan alarmada que tenía que decírselo a alguien. Puedes creerme, estoy segura que ella no sabía lo que hacía. No tenía idea de que esas píldoras eran sedantes tan fuertes. De lo contrario, no hubiera tomado tantas. Ahora, ya les he tirado y, por cierto, no voy a dejar que vuelva a tomarlas…Ahora, te cuento la parte divertida. Te hubieras muerto de haberla visto tambaleándose ayer por el cuarto, después de tu llamado…completamente desnuda y con un pañuelo sucio en la mano secándose las lágrimas. Los muebles se interponían a su paso y ella tropezaba con todos. Hasta que consiguió llegar a la ducha y se metió bajo el agua fría”.
Un par de años antes, en 1937, mientras Olivier interpreta  a Hamlet, en Elsinore, Dinamarca,  y Vivien a la desquiciada Ofelia, se produce un incidente.  Ella golpea e insulta a Laurence en escena. Olivier consigue llevar la obra adelante y todo queda como una exagerada interpretación de la locura de Ofelia. El elenco conoce la verdad. Al otro día, Vivien se muestra simpática y agradable, como siempre. No recuerda nada de lo que ha ocurrido la noche anterior. 
Laurence y ella, todavía están tramitando sus divorcios. Todo el tiempo, tratan de ser discretos con su relación. Pero ella ha mostrado el primer síntoma de la enfermedad que arruinará su vida: trastorno bipolar.



Finalmente, legalizan su situación y se casan en 1940. Después de un tiempo en Estados Unidos, donde realizan actuaciones teatrales y filman juntos "Lady Hamilton", regresan a Inglaterra y actúan para los soldados. Al final de la segunda guerra mundial, van a vivir al campo,  en la vieja abadía de Notley, del siglo XII, con ventanales desde los cuales se ve el Támesis. Los más famosos actores y autores del momento son visitantes asiduos. Vivien y Laurence son un modelo de glamour. Poseen mansiones, rolls royce, joyas, pieles, toman vacaciones en Jamaica. No solo son muy populares sino muy talentosos. 
Antes y después de "Lo que el viento se llevó", Vivien muestra su capacidad de actriz tanto en películas como en el teatro, que, al igual que a Laurence, es lo que más le agrada hacer. Interpreta papeles de Noel Coward, Bernard Shaw, y los de Shakespeare asumiendo los roles de Cleopatra, Ofelia, Julieta y Lady Macbeth. Incluso, ella no acepta continuar en Hollywood y le gana un juicio a Selznick para romper un contrato de cinco años con él. Pero, a su enfermedad mental en desarrollo, se le unen otros  problemas. Mientras filma "César y Cleopatra", se cae y sufre un aborto espontáneo. Este aborto opera como desencadenante de su enfermedad mental y sufre un importante ataque. Otra vez agrede físicamente a Olivier, lo insulta y lo culpa del aborto por haberle hecho filmar la película estando embarazada. En el mismo período le diagnostican una tuberculosis que resultará crónica.
Permanece largos períodos alejada de su marido por razones del trabajo de este. A Olivier, en 1947, lo condecoran con el título de sir. Por derecho, ella, aún separada, será llamada Vivien lady Leigh.
En 1949, Vivien le dice a Laurence que ya no lo quiere más. "Te quiero como a un hermano", al escuchar esto, él siente que cae en un pozo. Sabe que es cierto que la ha descuidado. Su trabajo ha estado siempre en primer lugar. Ni siquiera le ha respondido muchas de las incontables cartas que ella le ha escrito en los períodos que, por trabajo, han tenido que separarse. Tampoco es un amante adecuado. "Ella no comprendía que mi trabajo consumía la mayor parte de mis energías", escribe Laurence en sus memorias. 
A principios de los años cincuenta, la salud mental de Vivien se deteriora rápidamente. Fuma varios atados diarios, bebe en exceso pasando borracha la mayor parte del tiempo, y se le acreditan episodios de ninfomanía, o síndrome de excitación sexual persistente, posiblemente, generado por su manía depresiva. 
Vivien filma "Un Tranvía llamado deseo", con Marlon Brando, en 1951, y gana su segundo Oscar. Laurence ha ganado los suyos en 1948, como actor y director por "Hamlet". Pero, el papel de Blanche Dubois, de "Un tranvía llamado deseo", resulta agotador para Vivien. Sus trastornos mentales se agudizan hasta tener que ser internada en un par de oportunidades.
En 1953, Vivien viaja a Ceilán para filmar “Elephant walk”. Se enamora del coprotagonista, Peter Finch, y tiene una profunda crisis. El productor, Irving Asher, llama a Olivier. Al llegar a Ceilán la encuentra en estado maníaco y la escucha confesarle su amor por Finch. Vivien es sustituida por Elizabeth Taylor. Viaja a Hollywood y Laurence permanece en Londres actuando en teatro. Al poco tiempo, todavía es 1953, recibe un llamado de David Niven y Stewart Granger pidiéndole que viaje de inmediato. Lo hace y verá a Vivien completamente drogada y sumida en un agudo ataque. La lleva a Londres, donde la interna en una clínica psiquiátrica en la que recibe tratamiento de electroshock. Al salir, ella mantiene romances con Peter Finch y una larga lista de actores, de desconocidos y algunas mujeres. Su enfermedad la lleva a ser internada nuevamente. Continúa su alcoholismo, su adicción a las drogas, y el uso excesivo de tabaco. En 1960, finalmente, Laurence y Vivien se divorcian. Él hace un tiempo convive con la actriz Joan Plowright. Ella se casa con su viejo amigo John Merivale. Olivier le hace jurar a Merivale que va a cuidar de ella.



Olivier prosigue con su carrera rutilante. Vivien, en completa decadencia física y psíquica, aunque con largos períodos de tranquilidad junto a Merivale, filma dos o tres películas menores pero consigue un premio Tony por su actuación teatral en “Tovarich”. Las personas que más cerca estuvieron de ella en sus últimos años aseguran que nunca estuvo del todo consciente de haberse separado definitivamente de Laurence. Nadie tenía la menor duda de que él era la única persona que le había importado en el mundo.


La noche en que Vivien Leight muere, a los 54 años, Laurence Olivier, de 60, se levanta de su cama en el hospital, donde lo tratan de cáncer, y va junto a ella. "Al fin de cuentas, mañana será otro día".