CAMILA O¨GORMAN



El 18 de agosto de 1848, Camila O´Gorman es fusilada en Santos Lugares, una localidad de la provincia de Buenos Aires, en Argentina. 
El mismo día, a la misma hora y lugar, es fusilado el cura Ladislao Gutiérrez. 
Camila tiene veinte años. El motivo de su fusilamiento es haberse enamorado del cura Gutierrez.




Camila es una muchacha de la aristocracia argentina. Tiene cinco hermanos, un padre y una madre respetables, y una abuela famosa, Ana Perichon, más nombrada como "La Perichona".
La abuela de Camila se había hecho famosa ya que, siendo casada, se transformó en la amante del virrey Liniers. Alejada de su marido, viviendo sola, usaba su casa para reuniones muy divertidas y siempre visitada por gran cantidad de hombres. Nunca salía sin custodia, la que le había sido puesta por el virrey, y gastaba gran cantidad de dinero proveniente de las arcas del gobierno. No se le pudo probar que ejerciera la prostitución pero sí que trabajó como espía de los franceses, de los españoles y de los ingleses, al mismo tiempo. 
Cuando los vientos que gobernaban el entonces virreinato cambiaron y el país se independizó de España, La Perichona, después de un exilio en Brasil, comenzó a ser más discreta y a seguir viviendo muy bien con dinero que siempre se ingeniaba para conseguir de sus amistades. Con el correr de los años, como suele suceder, sus amoríos pasaron de moda y hasta su apodo (que le fue puesto al comparársela con la célebre actriz de teatro peruana, amante del virrey Amat, María Micaela Villegas Hurtado, "La Perrichola". El virrey Amat había tenido una fuerte discusión con ella y la llamó:"Perra Chola", como insulto). Derivo el insulto en apodo despectivo y lo heredó la abuela de Camila O´Gorman.
Uno de los hijos de "La Perichona", Adolfo, se casa con Joaquina Ximena Pinto y forman parte de la clase alta, en la cual nadie reprocha nada a nadie ya que todas las fortunas y la posición social han sido conseguidas de forma mal habida. 




Uno de los hermanos de Camila se hizo sacerdote. En el seminario, conoció a Ladislao Guitérrez, también de alta sociedad, sobrino del gobernador de Tucumán. Ladislao va muchas veces a la casa de los O´Gorman y Camila le atrae demasiado. Como ella es una buena católica, va muy seguido a misa. De modo que, también, en la iglesia se ve con el cura. 
Camila tiene dieciocho años y lee novelas románticas. Es alta y con una sonrisa que muestra sus dientes picados. El cura Ladislao es más bajo que ella pero tiene  ojos oscuros y mira con profundidad. No le cuesta mucho al cura enamorar a Camila. Ella deja de lado sus convicciones católicas sobre la virginidad (como la mayoría de sus amigas, las niñas de sociedad) y mantiene un romance muy apasionado con el sacerdote.
Pero Camila no está dispuesta a ser solamente una amante. Quiere ser la esposa del cura. De modo que deciden fugarse. Ladislao no tiene vocación religiosa pero está enamorado seriamente de Camila. Su amor por ella es más fuerte que su amor a dios, a los hábitos y a los dogmas. Si Camila actúa como una mujer que está viviendo un romance propio de una de las novelas que lee, Ladislao está jugándose la vida por ella. No es nada sencillo quitarse la sotana, abandonar la iglesia y comenzar una vida de fugitivo junto a una muchacha. Pero lo hace.




La pareja consigue llegar a Corrientes. Tienen la intención de ir al Paraguay pero no les alcanza el dinero. Algunos sostienen que el cura, antes de la fuga, ha robado el dinero de la iglesia. Como sea, él se dedica a trabajar en lo que puede, como maestro o haciendo tareas en la que le pagan lo suficiente para conseguir la comida.
En Buenos Aires, el hecho se ha convertido en un escándalo. El país es gobernado por Juan Manuel de Rosas, caudillo popular, rechazado por los sectores liberales de las clases ricas. Rosas es viudo y tiene su amante y sus hijos ilegítimos. Pero sostiene que la moral se debe mantener por sobre todo. No dice nada que no digan los integrantes de las clases poderosas ni la iglesia. Y no deja de ser tan hipócrita como los demás. 
La hija de Rosas, Manuelita, es amiga personal de Camila. Poco y nada podrá hacer por ella en los días que se avecinan. La presión sobre su padre es mucha. La oposición, a través de sus diarios, hablan de la corrupción de las costumbres provocada por el régimen gobernante. Sarmiento, que sería presidente con los años, asegura que Rosas y la inmoralidad de su gobierno han llegado al punto de convertir a señoritas honorables y decentes en poco menos que prostitutas. Todo esto tendrá mucho que ver cuando la hora llegue. Y Ladislao y Camila tienen mala suerte. Un cura irlandés, Michael Gannon, de paso por Goya, donde ellos están, reconoce a Ladislao. Luego, los denuncia. Son arrestados y trasladados a Buenos Aires. 
Ladislao es puesto en la cárcel. Camila es llevada a la Casa de Ejercicios, donde le pintaron el cuarto y lo amueblaron especialmente para ella. 




La iglesia escribió a Rosas pidiendo que se respetaran las antiguas leyes coloniales. En esas leyes, la pena era la ejecución del sacerdote. Rosas no estaba muy convencido. Consultó a jurisconsultos, entre otros, a Vélez Sarfield, futuro autor del Código Civil y uno de los abogados más reconocidos del país. Le dijeron lo mismo: había que ser severo. El problema no era el cura. Era Camila. En la época, había un buen número de curas que dejaban los hábitos para hacer pareja con alguna mujer. A nadie le llamaba la atención. En este caso, la muchacha era de clase alta. Para colmo, ella declaró que no había sido violada ni abusada sino que había dado su consentimiento para tener sexo. Además, dijo, durante la fuga se habían casado a ojos de Dios. Agregó que había sido ella la que tomó la iniciativa y besó a Ladislao sin que él hubiera intentado nada. 
La moral de toda una clase y la de un gobierno estaban en juego. Era imperdonable que hubiesen hecho lo que hicieron sin recato alguno. ¿Acaso ignoraban que se puede tener amantes o hijos con las sirvientas, pero siempre siendo pudoroso, es decir: mostrando una falsa conducta social? Esto debía ser castigado: la falta de pudor.
El gobernador Rosas ordenó que los fusilaran.




Ladislao y Camila fueron sentados en bancos separados. Se les vendó los ojos. Primero fue ejecutado el cura. Murió de inmediato.
El pelotón que debía ejecutar a Camila erró la primera andanada. Solamente una bala la hirió en el hombro. Camila lanzó un grito. No cayó al piso porque estaba atada al asiento. El oficial ordenó volver a disparar. La mayoría de las balas no llegaron a destino. Camila, herida de gravedad, se desmayó y su cuerpo volcó el asiento. 
Estaba sobre el piso cuando le pegaron el tiro en la sien que la mató. Estaba embarazada de seis meses.