COCO CHANEL: MODISTA Y ESPÍA


El perfume Chanel Nº5 es un símbolo del glamour. Lo creó el perfumista Ernest Beaux. El número se corresponde con el que llevaba el frasco de prueba elegido entre veinte. La financiación estuvo a cargo de Étienne Balsan, un amante muy rico, que, además, había costeado la instalación de las tiendas de ropa de Coco. Unos años después, en 1924, Paul y Peter Wertheimer firmaron un contrato con Chanel para encargarse de la venta del perfume. Coco cobraría el diez por ciento. Los hermanos Wertheimer hicieron que un perfume solo conocido por algunas clientas de las tres tiendas Chanel se convirtiera en el más famoso del mundo. Esto fue grave para Coco: ganaba solamente el diez por ciento. Le pareció poco y reclamó más. Pero el contrato estaba firmado. Debió esperar unos veinte años para intentar algo concreto al respecto.
Los nazis invadieron París. Coco estaba en la ruina por la guerra. De modo que hizo lo que siempre había hecho: conseguir un hombre que la apoyara. En este caso fue un jerarca nazi. Así, pidió a los nazis, enviando una carta de puño y letra, que le quitaran el perfume a los Wertheimer por ser judíos. Y se lo dieran a ella, que era aria, famosa, antisemita, amiga de los nazis, y tenía glamour. No le dio resultado. Los Wertheimer habían sido previsores. En 1940, pusieron la empresa a nombre de un católico. Coco se quedó sin el dinero que quería.  De modo que se hizo traidora y espía y comenzó a trabajar para sus amigos alemanes.


Gabrielle Bonheur nace en 1883 como miembro de una familia humilde. Tiene hermanos pero, cuando se enriquece, les paga para que no aparezcan y escondan que son parte de su familia. La madre de Gabrielle muere cuando ella tiene doce años. Seguramente, a causa de un aborto y la tuberculosis. El padre viudo se va a alguna parte y Gabrielle a un asilo regenteado por monjas. Esto no es tan malo para ella. En definitiva, es donde aprende a coser. Un oficio que va a darle fama mundial. 
A los diecisiete años, se marcha del orfanato y se pone a trabajar en una mercería. Por las noches, canta en un cabaret. Las canciones que mejor le sientan son: "Ko ko riko" y "¿Qui qu´a vu Coco?". Así, por lo que canta, le dan el nombre que la hace famosa: Coco. Otra versión asegura que no la llaman Coco por los temas que interpreta sino por ser "la pequeña cocotte". Es decir: "la pequeña prostituta". Mientras trabaja en el cabaret se hace un aborto y queda estéril. 
Pero Coco tiene un golpe de suerte. A los veintidós años, conoce a Étienne Balsan, muy rico e ideal para que una muchacha deje de tener una vida vulgar y con sobresaltos económicos. Étienne la introduce en otro mundo. Uno que nunca abandonará.


Étienne le muestra cómo es la vida de las clases altas. Coco conoce el ocio por el ocio mismo, las carreras de caballos, los casinos, las fiestas de vestidos caros. Sin embargo, no está muy satisfecha con lo que Étienne hace sexualmente. Se consigue un amante. Un amigo de Étienne: Arthur "Boy" Capel, un inglés que, por supuesto, es bastante rico y no hace nada que no sea jugar al polo como pasatiempos. Ella y Capel se van a vivir juntos. Coco padece de ansiedad. Necesita hacer algo más. Se aburre. Compra unos sombreros, los retoca y se los vende a las amistades de Étienne. Esto le hace pensar que puede poner una casa de ropa. A Capel no le alcanza la plata. Es un mantenido por su familia y recibe lo necesario para pagar sus gustos caros. Coco le pide el dinero a Étienne. Ella sabe cómo conseguir las cosas. Obtiene lo suficiente y abre su primera tienda en 1920. Le va muy bien. Acaba de terminar la primera guerra mundial y hay una vida diferente. Coco pasa a formar parte de lo nuevo. Crea un tipo de ropa que cambia la moda. Las mujeres se visten al estilo Chanel: polleras cómodas, vestidos rectos, tacones bajos; acompañado por un corte de pelo a la garcon. Es ropa con un toque de distinción que suplanta el vestuario recargado de las mujeres de la alta sociedad.


Coco tiene nexos con la aristocracia francesa e inglesa. Sus tiendas son tres y hay una gran cantidad de empleados fabricando sus creaciones y vendiéndolas. Es la diseñadora de ropas más importante y una transformadora de la forma de vestir. A la vez, una mujer con muchos amantes. Capel se cansa de ella y se casa con una aristócrata para asegurarse el porvenir. Coco va de un hombre rico a otro hasta llegar al duque de Westminster, con el que se queda diez años, claro, sin que uno y otro sean fieles. El duque la deja. Nunca se hubiera casado con una plebeya. No está permitido en las reglas de la aristocracia inglesa. Coco dice que no se preocupa por el abandono del duque y cuenta una historia mentirosa. Como todo lo que cuenta de ella. Coco ha inventado un pasado para su vida. Niega haber sido pobre y asegura tener ancestros aristócratas. Entre tanto, va a Hollywood a vestir actrices y cobra un millón de dólares. Tiene como amantes a Igor Stravinsky, el conde Dimitri, de Rusia, el artista Paul Iribe del que dice es el amor de su vida, que es lo que ha dicho de otros amantes, y que se muere infartado. Iribe es un ilustrador antisemita y, a mediados de los años treinta, publica en Francia un boletín alertando a la población sobre el mal que los judíos impulsan. Coco comparte en todo estas ideas. 
Si algo caracteriza los amores de Coco es que no hay pobres. Todos son hombres muy ricos y que ponen sus relaciones sociales y su dinero al servicio de Coco. Quizás, ella busca amor. Pero todo lo que obtiene es dinero y amistades que le permiten ganar más. Es difícil saber si se enamora de sus parejas o del dinero y el poder que tienen y que necesita para seguir trepando la empinada cuesta de la fama y la riqueza.


Con la segunda guerra mundial, queda en bancarrota. No compran sus vestidos. Como los nazis están en París, Coco se pone del lado que más le conviene. Se convierte en la amante de Hans von Dicklage. Va a vivir al hotel Ritz, alojamiento de jerarcas del nazismo. Es tiempo de que trate de sacar del medio a los judíos que tienen Chanel Nº5. No puede y se pasa al bando alemán en forma concluyente. 
Hans von Dicklage es un diplomático y jefe de una red de espionaje. De alguna manera, su relación con Coco es una forma de reclutarla. Le viene bien las relaciones que ella tiene. Sobre todo, con los ingleses. Durante un tiempo, Coco realiza varias operaciones para los nazis. Está bajo las órdenes del general de las SS, Schellenberg. Los nazis la creen adecuada para servir de enlace con Churchill y negociar presionándolo para que haga la paz. 
Todo fracasa y la guerra acaba. Coco deja de ser espía. Lo que ha hecho, traicionar a su país, ha sido por su más férrea convicción: en Madrid ha cobrado una fortuna por sus servicios para Hitler.


Después de la guerra, quieren juzgarla por traidora. Pero se salva. Churchill evita su juicio en París. No porque la estime sino para proteger a los aristócratas ingleses que favorecían a Hitler durante la guerra y que Chanel conocía bien. No se trataba de desprestigiar a la historia viviente de Inglaterra por la boca demasiado abierta de una francesa que ha trabajado para los alemanes. 
Coco se exilia en Suiza y pasa un tiempo en Estados Unidos, cerca de Samuel Goldwyn, el famoso productor que ya la había contratado en los años treinta. Goldwyn es judío. Pero Coco siempre tuvo claras las cosas. Su antisemitismo no incluye a los judíos ricos y poderosos como Goldwyn o los Rothschild. Solamente a los intelectuales, a los comerciantes de mediana talla y, por supuesto, a los que son pobres. De lo contrario, no habría negociado con los hermanos Wertheimer. Ellos se quedan con todo el negocio Chanel. A cambio, la mantienen por el resto de su vida. Un buen negocio para ella aunque nunca más tenga acceso a los perfumes, que son la base de las ganancias, ni a la fabricación de ropa. Queda limitada a ser el nombre en una etiqueta.


Coco ha sido una creadora de moda. Una mujer que supo con qué hombres juntarse para que pusieran dinero y buenas relaciones sociales que favorecieran sus negocios. Cada hombre le ha permitido subir un escalón más. Ha sido una francesa traidora y, curiosamente, los franceses la tienen como un icono. Ha sido nazi y antijudía y es uno de los mitos del siglo veinte por haber hecho unas polleras y unos jersey. No deja de ser un poco extraño. A no ser que se considere la infinita superficialidad que la ha rodeado en su vida. Y la infinita superficialidad con la que gran parte de la gente mira a la gente. 
Coco muere pasados los ochenta años. Con el cuerpo, lógicamente, arruinado por la vejez y la morfina.